Alejandra Alvarado tenía 17 años cuando decidió que quería hacer algo diferente. Algo que dejara una huella.
En su ciudad natal, Danlí, Honduras, notó algo que la inquietó profundamente: el inglés, una herramienta clave en el mundo actual, no era tomado en serio. No se enseñaba con calidad, no era prioridad, y quienes no podían pagar clases particulares simplemente se quedaban atrás. Para ella, eso era una forma de analfabetismo moderno.
Y un día cualquiera, con esa idea aún en pañales, se dirigió a la Casa de la Cultura de su ciudad. Se sentó frente a la encargada y preguntó si podía usar un espacio para dar clases gratuitas de inglés a niños. No llevaba ningún aval, ni currículum, ni respaldo institucional. Solo sus palabras. Y la respuesta fue sencilla: “Sí”. Le asignaron un aula, y eso fue todo. Así empezó.





Vinieron los niños. Les gustó la primera clase. Y volvieron. Y así pasó un mes. Y luego otro. Y otro. Hasta que, sin darse cuenta, había creado algo más grande que ella misma. Un espacio donde los niños no solo aprendían inglés, sino que se sentían escuchados, valorados, acompañados.
Pasaron seis meses. Pero entonces el proyecto se detuvo. Alejandra se fue de viaje, a estudiar al extranjero. El aula quedó vacía, pero no la idea. Porque Alejandra regresó, y no lo hizo sola. Regresó con nuevas ideas, con más visión, con más experiencia… y con un plan.
Convocó voluntarios de todo el país. Jóvenes y adultos que supieran inglés, que tuvieran tiempo, pero sobre todo, que tuvieran el deseo de compartir y servir. Gente que entendía lo que ella había entendido a los 17: que enseñar inglés no es solo enseñar un idioma, es abrir una puerta.
Así, English Creatives dejó de ser un proyecto local. Se volvió una red. Aparecieron aulas en otras ciudades. Llegaron alianzas con instituciones culturales, con organizaciones internacionales, con universidades que querían apoyar. Y cada voluntario, desde su comunidad, replicaba el mismo espíritu con el que Alejandra se sentó por primera vez en la Casa de la Cultura: enseñar desde el corazón.
Hoy, diez años después, English Creatives está presente en más de 30 municipios de Honduras y en cuatro países aliados que replican su modelo. Tiene una plataforma nacional de capacitación, manuales estructurados, convenios internacionales, eventos anuales, campamentos de verano y decenas de historias de niños que encontraron en el inglés no solo una oportunidad, sino una identidad.
Pero lo más importante es que el aula sigue ahí. La primera. La de Danlí. La que empezó todo. Porque por más lejos que haya llegado la idea, English Creatives nunca ha dejado de ser lo que fue desde el principio: una prueba viva de lo que una persona puede hacer cuando decide que ya es hora de cambiar las cosas.
