Nuestra Comunidad

Historias reales, Cambios reales.

«Ya no me da pena decir
‘hello’. » – Alicia, 6 años

«Here, I feel happy and loved.»- Santi, 7 años

«My teacher is my best friend.» – David, 10 años

«Mi papá siempre me dice que yo tengo que llegar más lejos. Cada clase que tomo aquí siento que estoy cumpliendo su sueño y el mío.» — Ana, 17 años

«Aquí no solo me han enseñado inglés, me siento parte de algo mucho más grande. Cuando termine este curso, voy a ser voluntario de EC.» — Kevin, 18 años

«Mi mamá siempre me decía que estudiar inglés era solo para los que podían pagarlo.» — Josué, 16 años

«A mis 69 años pensé que ya no tenía nada nuevo que ofrecer. Me había jubilado de todo, incluso de mí misma. Pero cuando empecé a dar clases de inglés aquí, me di cuenta de que ser maestra no se me había ido del alma. Los niños me devolvieron las ganas de levantarme cada día.» — Marta, 69 años

«Tengo 37 años y he pasado la mitad de mi vida enseñando. Pero dar clases con estos niños… es diferente. Me hacen reír, me hacen pensar, me hacen creer que todavía se puede cambiar el mundo con una pizarra, un marcador y un corazón abierto.» — Luis, 37 años

«Soy maestra desde hace años, pero hay algo que solo me pasa aquí. Cuando llega el día de ver a mis niños, se me olvida el estrés, el cansancio, todo. Esa hora a la semana es mi lugar feliz.» — Elena, 35 años

«Trabajo como enfermera en un área rural. Un día noté que varios niños de mi comunidad sabían decir cosas en inglés por lo que veían en la tele. Les propuse aprender juntos, y así fue como terminamos todos en English Creatives. Ellos van conmigo cada semana, como una pequeña comunidad que quiere aprender más.» — Carmen, 27 años

«Tengo 22 años y soy guitarrista. Vine por curiosidad, pero me quedé por amor. No sabía que enseñar podía ser tan parecido a la música: también tenés que encontrar el ritmo del otro, su tono, su pausa. Me siento parte de algo grande.» — David, 22 años

«Toda mi vida trabajé en comercio, entre precios, horarios y clientes. Pensé que enseñar inglés era para gente con títulos, con tiempo. Pero acá entendí que lo único que necesitás es voluntad. Y eso me sobra. Ver a los niños aprender es como respirar aire nuevo.» — Teresa, 42 años

«Tengo 60 años y la vida me ha enseñado muchas cosas, pero nada me preparó para lo que sentí el primer día que uno de los niños me dijo “thank you, teacher”. A esta edad uno piensa que ya dio lo mejor… y resulta que todavía queda mucho por entregar.» — Tomás, 60 años

«Tengo 20 años y siempre me dijeron que era muy joven para enseñar. Pero desde que llegué, me sentí útil. Cuando veo a los niños emocionarse porque aprendieron a decir su color favorito en inglés, sé que estoy donde debo estar.» — Kevin, 20 años

«Tengo 18 años y estudio en las mañanas, pero dejo las tardes para venir aquí. Me hace sentir viva. Acá no importan los títulos, ni de dónde venís. Lo que importa es el amor que le pones a cada clase.» — Andrea, 18 años

«Tengo 17 y aunque soy el más joven de los voluntarios, me siento como un hermano mayor para los niños. Ellos me escuchan, me preguntan cosas… y yo aprendo más de ellos de lo que ellos aprenden de mí. Acá encontré propósito.» — Samuel, 17 años

«Tengo 16 años y estoy en silla de ruedas. Muchas veces sentí que la gente me veía solo por eso, por lo que no puedo hacer. Pero aquí me ven por lo que sí puedo. Enseñar inglés me ha dado una voz, y los niños no me ven como diferente. Me ven como su maestra.» — Valeria, 16 años

«Tengo 25 años y soy sorda. Pensé que eso sería un obstáculo para enseñar, pero descubrí que los niños aprenden más allá del sonido. Uso señas, dibujos, gestos… y ellos me entienden. Y yo los entiendo a ellos. Enseñar así es mágico.» — Isa, 25 años