De maestros a amigos

En cada sesión, en cada juego, en cada historia compartida, los niños dejan de ver a los voluntarios como solo “los que enseñan inglés”.

Empiezan a verlos como alguien que los escucha. Alguien que se agacha a su nivel, que les celebra los logros, que les pregunta cómo se sienten.

Los voluntarios, por su parte, descubren que están recibiendo tanto como dan. Porque cada sonrisa, cada dibujo, cada pregunta inesperada de los niños se convierte en un pequeño regalo diario.

Todos somos amigos, todos nos escuchamos

Es lo que realmente pasa. Es lo que sentimos. Queremos que los niños aprendan que no es necesario ser adulto para que tus ideas y tu voz se escuchen.